
Conservación10 AGO 2026
El corredor verde: por qué cada hectárea importa
La Selva Paranaense llegó al siglo XXI partida en pedazos. Lo que decide si un pedazo sigue siendo selva no es su tamaño: es si toca al de al lado.
Por Martino Esteche
De toda la Selva Paranaense que hubo alguna vez, la mayor parte ya no está. Lo que queda del lado argentino está casi todo en Misiones, y es uno de los remanentes mejor conservados que le quedan a este bosque en el continente. Pero "lo que queda" no es una mancha entera: son parches, separados por rutas, chacras y forestaciones.

Un parche aislado envejece de una manera particular. Al principio parece intacto: los árboles siguen ahí, el sotobosque también. Lo que se pierde primero es lo que no se ve en una foto — los animales que necesitan territorios grandes, los que no cruzan un campo abierto, los árboles cuyas semillas viajaban en el estómago de un ave que ya no pasa por ahí.
Conectar en vez de encerrar
La idea del corredor verde es simple de decir y difícil de sostener: que las áreas protegidas de la provincia dejen de ser islas y queden unidas por tierra con monte en pie, aunque esa tierra sea privada y productiva. Un corredor no es un parque nuevo. Es un acuerdo sobre lo que pasa entre los parques.

Por eso el turismo de naturaleza no es neutral acá. Una hectárea de monte que produce ingresos porque la gente viene a mirarla compite en igualdad de condiciones con la misma hectárea desmontada. Es el argumento menos romántico y el más eficaz que tenemos: el monte parado también vale.
Un bosque no se mide en árboles. Se mide en lo que todavía puede cruzarlo.

Lo que se puede hacer desde afuera es menos épico de lo que suena y sirve igual: elegir operadores locales, respetar los senderos marcados, no alimentar animales, y contar lo que viste. Cada persona que vuelve de Misiones hablando de lo que vio es un voto a favor de que siga habiendo algo que ver.

